Mapas

Dos rutas a un mismo destino

Tras el bloqueo otomano de la tradicional Ruta de la Seda terrestre y el monopolio egipcio-veneciano de la ruta por el mar Rojo, las monarquías ibéricas se lanzaron a abrir una nueva ruta hacia las especias asiáticas. Portugal se dirigió al sudeste bordeando el continente africano, mientras que España se adentró hacia el oeste por el desconocido «mar Océano».

La ruta egipcio-veneciana

Aprovechando que los turcos otomanos había cerrado la Ruta de la Seda, el camino hacia Asia usado durante la Edad Media, el sultán de Egipto estableció un monopolio sobre el comercio de los productos asiáticos y llegó a un pacto con los venecianos para su distribución por Europa.

La expedición Loaysa

Tras el regreso de la nao Victoria capitaneada por Juan Sebastián Elcano, después de completar la primera vuelta al mundo, el emperador Carlos V organizó una nueva flota hacia las Molucas para asentar la posesión española de esas islas y rescatar a los españoles que permanecían allí. El piloto mayor de la expedición era Elcano, que, a pesar de tener el bienestar y la fama asegurados, no dudó en volver embarcarse. Murió durante la travesía del Pacífico.

La expedición Saavedra

El rey ordenó a Hernán Cortés, gobernador de México, organizar otra expedición a las Molucas desde América para apoyar a las fuerzas españolas que allí estaban y descubrir la ruta de vuelta a través del Pacífico.

El mundo conocido por los europeos antes
de las exploraciones ibéricas

Antes de la expansión marítima de las coronas de España y Portugal, los europeos solo tenían noticias de la existencia de Europa, África y Asia; aunque esto no significa que conocieran esos territorios, sino que sabían que existían, por ejemplo, porque del sudeste asiático llegaban las especias, o porque del África subsahariana llegaba oro. Mientras que los únicos océanos conocidos eran el Atlántico y el Índico, aunque no los habían explorado. 

En el mapa se pueden ver las rutas comerciales entre Asia y Europa durante la Edad Media, es decir, las diferentes ramas de la llamada Ruta de la Seda. En color aparece el mundo que los europeos conocían, con más o menos detalle. El resto aparece velado, para los habitantes de Europa nada de la parte en blanco existía más que en la imaginación y las leyendas de pueblos antiguos y olvidados. 

El mundo conocido por los europeos después

de las exploraciones ibéricas

Tras la expansión oceánica de España y Portugal durante los siglos XV y XVI, el mundo conocido por los europeos aumentó en una escala sin precedentes en la historia; prácticamente se duplicó el área continental de la que los europeos tenían noticias y se triplicó el área oceánica.  

Aunque seguían existiendo enormes zonas inexploradas en el interior de África y América, ya se conocían los contornos de esos continentes (excepto las costas del norte de América, que todavía tardaron tiempo en explorar). Prácticamente solo permanecían siendo un enigma para los europeos Australia (Juan Sebastián Elcano pasó cerca, pero no llegó a divisarla), Nueva Zelanda y las zonas más próximas a los polos.